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Establecido por los gobiernos centroamericanos, el programa del Corredor Biológico Mesoamericano es
un concepto programático que entrelaza ecosistemas naturales, comunidades indígenas, poblados y
tierras cultivadas a través de ocho países, desde el sudeste de México hasta Panamá, integrando
objetivos ambientales y económicos que redundan en el bienestar de toda la población.
Esta iniciativa se materializa a través de una serie de proyectos nacionales específicamente referidos
al Corredor y financiados, por su perspectiva de contribución a la conservación y uso sostenible de la
biodiversidad global, por proyectos del Fondo para el Medio Ambiente Mundial implementados por el
Banco Mundial.
El Proyecto Regional de Manejo Integrado de Ecosistemas en Comunidades Indígenas ha fortalecido las
capacidades de unas 558 comunidades indígenas de Guatemala, Belice, Honduras, El Salvador,
Nicaragua, Costa Rica y Panamá para proteger y gestionar sus recursos naturales y culturales, así
como para recuperar y propiciar sus valores culturales y las prácticas tradicionales de uso sostenible
de la tierra. Un ejemplo concreto son las áreas costarricenses de Talamanca y Bocas y sus poblaciones
indígenas Cabécar, Terraba, Bribi y Boruca que reciben servicios de asesoramiento y capacitación en la
producción y procesamiento agro-ecológico del cacao, entre otros.
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