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La mayoría
de las personas que viven en el mundo desarrollado dan por sentado
su acceso a la infraestructura (por ejemplo, agua limpia, electricidad
y transporte), pero en muchas partes del mundo esto se considera
un lujo. Alrededor de 1.400 millones de personas de los países
en desarrollo no tienen acceso a agua limpia y unos 3.000 millones
viven sin servicios sanitarios básicos ni electricidad.
La infraestructura no se refiere solamente a la construcción
de grandes proyectos, sino también a la provisión
de servicios básicos que toda persona necesita para la
vida diaria, como mejorar los barrios marginales y construir
caminos que conecten a las zonas urbanas más pobres. La
infraestructura es, además, parte fundamental de nuestros
esfuerzos por ayudar a lograr los objetivos de desarrollo del
milenio. Abastecer de agua potable a las comunidades tiene un
efecto directo en la reducción de la mortalidad infantil.
Proveer de electricidad a las comunidades evita que las mujeres
y los niños tengan que dedicar muchas horas a recolectar
leña para cocinar y calentarse, lo que les deja más
tiempo para otras actividades. Los niños, en particular,
pueden destinar más tiempo a sus deberes escolares. En
Marruecos, un proyecto de caminos que contó con nuestro
apoyo contribuyó a aumentar el número de niñas
matriculadas en las escuelas del 28% al 68%. La infraestructura
también ayuda a conectar a las comunidades con el mundo
que las rodea. Un proyecto de electrificación rural en
Ecuador ha ayudado a mejorar la calidad de vida y ampliar las
oportunidades de los habitantes de la zona, al dar acceso a las
comunidades pobres a las telecomunicaciones, la electricidad,
la Internet y los servicios comerciales. |